La expresión “medicina amarga” que circula en los discursos y narrativas suele ser sinónimo de una profilaxis desagradable que generará la cura de una enfermedad. El diccionario de Cambridge interpreta el adagio como: “Algo muy desagradable pero que hay que aceptar…” en efecto, toda anestesia comienza con una inyección…
El carácter “amargo” puede tener connotaciones muy amplias; y obviamente dependerá de la situación de los pacientes, de su carácter, de su condición, etcétera. Unos la asumen con optimismo y otros con temor. Al final hay una promesa, y se asume que es un mal necesario.
Los políticos utilizan la “medicina amarga” como una antesala para los tiempos difíciles; a veces se trata de un recurso eufemístico, en otras ocasiones es un recurso retórico, aunque generalmente es un escudo propagandístico para disciplinar o prevenir momentos perplejos.
Dándole vuelta al argumento, lo que sí es cierto es que el periodismo suele ser la verdadera “medicina amarga” de los políticos. No hay nada peor para un político que las preguntas incómodas que dislocan el discurso o una investigación periodística que revele la realidad del nepotismo, la corrupción, el compadrazgo, el clientelismo, algo a lo que ya estamos acostumbrados.
La “medicina amarga” es el dato, la evidencia, el rigor metodológico y las preguntas correctas. En términos filosóficos y ellacurianos hablamos del periodismo desde un enfoque “desideologizador”, intentando quitar las máscaras para llegar a la verdad; ¿y como se logra esto?, con diversas herramientas: La duda, la negación, la inquisición racional, el diálogo mayéutico.
El oficio periodístico implica dudar; la duda metódica cartesiana consiste en un proceso sistemático para llegar a una base de conocimiento indudable, partiendo de la premisa de que todo lo que es dudable debe ser rechazado. La negación es un ejercicio dialéctico de contraposición de opiniones y datos para que surja los más genuino y ético; la inquisición racional implica utilizar todas las capacidades analíticas y críticas de nuestro cerebro en función de una investigación; y el diálogo mayéutico es el camino civilizado para salir de la ignorancia y llegar a la verdad.
La clase política, como es de suponer, le molesta que los periodistas pregunten, indaguen, cuestionen; y suelen utilizar diversas falacias -ad hominem, ad populum, hombre de paja, de autoridad, etcétera- para minar la credibilidad de su trabajo. ¿Quién financia a este periodista o medio?, ¿a qué grupo representa?, ¿es de la oposición?, y un largo etcétera.
La historia contemporánea del periodismo en Latinoamérica ha revelado un inventario impresionante de casos de corrupción; el Knight Center for Journalism in the Americasdestaca diez casos emblemáticos de propuestas periodísticas para evadir la censura, combatir la desinformación, hasta proyectos colaborativos transfronterizos que revelaron complejas redes de corrupción y crimen organizado: Operación Retuit; Las mujeres valientes: Guií Chanáa;Tráileres, trampa para migrantes; Eva, el chatbot que cuenta una historia; La noche de los caballos; Redes de Nicotina, VerificAudio; NarcoFiles: El nuevo orden criminal; “A ellos no les vamos a abrir…”; #FactChallenge.
En nuestro medio, el periodismo de investigación, desde los Acuerdos de Paz en 1992 hasta la fecha también ha contado historias y crónicas relevantes sobre todos nuestros funcionarios, del pasado y del presente: La privatización de la banca, el caso del donativo de Taiwán para los terremotos, los cheques de sobresueldos, las treguas con pandillas, el enriquecimiento ilícito, malversación y blanqueo de fondos de funcionarios, el caso Catedral, los créditos del Banco Hipotecario, el caso del Crook, el caso Muyshondt, entre muchísimos otros.
Gracias al periodismo local conocimos lo que el profesor de Harvard y director de Iniciativas para la integridad internacional Mark Wolf llama la "gran corrupción", que es el abuso de un cargo público para beneficio privado por parte de los líderes de una nación. "La gran corrupción es extraordinariamente costosa en términos de dinero, pero también en términos de daños infligidos a los derechos humanos" señala Wolf.
La medicina amarga del periodismo ha sido mucho más amarga que todo lo que debería hacer la Fiscalía General de la República, la Corte de Cuentas de la República, la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia, las leyes y sistemas anticorrupción del Estado, por la transparencia y la integridad.
La mayoría de ex Presidentes y altos funcionarios públicos han terminado mal, huyendo, exiliados, encarcelados, con su prestigio arruinado, y lo que viene…; y todo gracias a la medicina amarga del periodismo. Digan lo que digan, argumenten con cualquier falacia, ataquen, denigren, insulten, con o sin USAID, con print o digital, el periodismo hará su tarea. No por que sea el “cuarto poder”, sino por algo más básico y sencillo: Hay instituciones éticas, valientes y con principios…
El periodismo cuenta historias, informa, entretiene; pero sobre todo, como diría Gabriel García Márquez: “El periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”.
Ahí está la esencia del periodismo: “Pasión insaciable”; pasión por la verdad, por la justicia, por los que no tienen voz, por los olvidados de la historia, por las víctimas, por los atropellados, por los ignorados, por los niños, por las mujeres violentadas, por las minorías, por la no personas, por los migrantes. “La voz de los sin voz” diría el Profeta San Oscar Romero.
Y la pasión es un sentimiento una emoción intensa, una forma de ser y de vivir. La pasión se padece, es deseo y sufrimiento; no es algo pasajero, está vertebrada por una mística particular de pensar y actuar.
Lo del periodismo no es un problema personal de periodistas versus políticos; no es lucha de poder, ni tampoco un tema de ser oposición. En el fondo hay un sustrato esencial basado en gente que administra fondos públicos y dice prestar un servicio y otros que quieren saber cómo lo hacen y si lo realizan de modo coherente y transparente. Se trata de un servicio democrático basado en la pasión ética: Llevar a las audiencias productos de óptimo valor periodístico presentado con excelencia. Esa es la misión…
Disclaimer: Somos responsables de lo que escribimos, no de lo que el lector puede interpretar. A través de este material no apoyamos pandillas, criminales, políticos, grupos terroristas, yihadistas, partidos políticos, sectas ni equipos de fútbol… Las ideas vertidas en este material son de carácter académico o periodístico y no forman parte de un movimiento opositor. Nos disculpamos por las posibles e involuntarias erratas cometidas, sean estas relacionadas con lo educativo, lo científico o lo editorial.
Investigador Educativo/opicardo@uoc.edu