El pasado jueves, en París, más de 30 países miembros de la Unión Europea y la OTAN se reunieron por iniciativa del presidente francés, Emmanuel Macron, con un objetivo claro: “finalizar” las garantías de paz entre Rusia y Ucrania. En presencia de Volodímir Zelenski, se consideró que las posibles garantías de paz aportadas por los europeos podrían traducirse en avances “en las próximas semanas”.
Desde la fallida reunión en la Casa Blanca el 28 de febrero con el presidente de Estados Unidos, la situación política y diplomática ha evolucionado. Se habla ahora de “cese al fuego” y “garantías de paz”, ya sea mediante un compromiso económico de Washington o un fortalecimiento de la posición europea en materia de defensa.
El gran dilema de Europa está ligado a su evolución desde el Tratado de Roma de 1957. Se priorizó la economía y la reconstrucción postguerra (1939-1945), confiando su seguridad a la OTAN y al poder militar estadounidense. Esto no impidió que países como Reino Unido, Francia, Italia, España y Suecia desarrollaran sus propias industrias de defensa. Francia, en particular, es el tercer exportador mundial de armas y cuenta con un potencial nuclear independiente.
Sin embargo, Europa aún carece de una defensa propia creíble, una situación sobre la que el presidente Donald Trump ha ejercido presión. Su visión pragmática con los aliados es clara: “Ustedes pagan su contribución al club o no les ofrecemos protección”.
Para Europa, ha llegado el momento de tomar conciencia del riesgo que implica su situación y decidir si avanzará hacia una defensa común. Un proceso que llevará años e implicará independencia tecnológica y numérica, aunque por ahora sigue dependiendo de una coordinación operativa con los armamentos euroamericanos.
En este contexto, durante la cumbre en París se creó la “Coalición de los Voluntarios” para Ucrania, una iniciativa liderada por Reino Unido y Francia, con el respaldo de otros países europeos y aliados. Su propósito es garantizar la seguridad y estabilidad de Ucrania a largo plazo, especialmente en un posible acuerdo de paz con Rusia.
El principal objetivo es fortalecer a Ucrania militar y políticamente para que pueda defenderse de futuras agresiones. También busca presionar a Rusia para que negocie un fin del conflicto de manera seria y efectiva.
Europa no olvida su historia reciente ni la firma de acuerdos que, en lugar de evitar la guerra, allanaron el camino para ella. El mejor ejemplo es el Tratado de Múnich de 1938, firmado entre Alemania, Italia, Francia y Reino Unido. Un acuerdo que no impidió el estallido de la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939, cuando Alemania invadió Polonia.
En términos prácticos, la coalición se basa en tres pilares:
• Apoyo militar y defensivo: Se proporcionará asistencia militar a Ucrania, incluyendo armamento, entrenamiento y, potencialmente, el despliegue de tropas tras un alto el fuego. Se plantea la creación de una “fuerza de seguridad” o “reassurance force”, que actuaría como disuasión ante futuros ataques rusos sin reemplazar al ejército ucraniano ni participar en combates.
• Presión sobre Rusia: A través de sanciones económicas, restricciones financieras y demostraciones de fuerza militar, la coalición busca debilitar la posición de Rusia y llevarla a la mesa de negociación para lograr una paz duradera, no solo una tregua temporal.
• Garantías de paz: Se busca establecer acuerdos de seguridad sólidos que respalden cualquier alto el fuego, asegurando que Ucrania mantenga su independencia y capacidad de autodefensa. Esto incluye la coordinación de esfuerzos diplomáticos y militares entre los países miembros.
Actualmente, la coalición ha entrado en una fase operativa, con reuniones entre líderes políticos y militares para definir la implementación de la ayuda, los recursos a destinar y qué países participarán activamente, especialmente en un escenario postguerra.
En resumen, la Coalición de los Voluntarios busca ser un respaldo estratégico para Ucrania, combinando apoyo militar con una postura firme contra Rusia. Sin embargo, su éxito dependerá de la coordinación entre los países involucrados y de la evolución de las negociaciones con Moscú, que hasta ahora ha mostrado escepticismo y rechazo a ciertas propuestas, como el despliegue de tropas extranjeras en territorio ucraniano.
Europa también debe encontrar un equilibrio con Washington, que busca distanciar a Moscú de Pekín, sin convertir a Rusia en una amenaza permanente para el continente. Por ello, durante la cumbre se intentó involucrar tanto a Estados Unidos como a China en la búsqueda de una solución al conflicto.
Las “reassurance forces” no están diseñadas para convertirse en fuerzas de mantenimiento de la paz, sino en “fuerzas de disuasión ante una posible agresión rusa”, según la visión francesa. Un despliegue creíble de tropas —los británicos mencionaron entre 10.000 y 30.000 soldados— representaría un esfuerzo significativo para países como Francia y Reino Unido, que han participado en conflictos en los Balcanes (años 90), Medio Oriente y África (1990-2010).
Desde el fin de la Guerra Fría, Europa ha reducido su gasto en defensa. Ahora, debe reaprender a armarse y a movilizar la opinión pública. Más que nunca, su esfuerzo, aunque bienvenido, sigue dependiendo de la posición estadounidense, en un tablero geopolítico en constante cambio.
Politólogo francés y especialista en temas internacionales.