Fugaz eternidad de “El Mago de la Felicidad”
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Mago que sacó del aire la felicidad, el candor, la nívea rosa mística de su misma ilusión. Mas, al final de la función, olvidó el truco fatal de la dichosa artimaña. Y fue así como La amada mujer- surgida desde la nada- desapareció y él con ella: Que -al igual que todo- se hizo sueño junto a él. Es el drama escénico de los amantes de la historia que -al final del apasionado acto viviente de amar- se desvanecen en la escena del lienzo, del tiempo y de la vida. Aunque -según revelan los misterios- en el círculo existencial de la “Roda Viva” o “Rueda de la Vida” ellos volverán a encontrarse. Talvez en otros rostros, tiempo, años y lugares. Cuando vuelva a transfigurarse la ausencia en un feliz reencuentro con el amor y la dicha de amar. Por ello, cuando el mago del escenario que somos nosotros -fugaces actores del gran Teatro del mundo- realice la gracia maravillosa en escena procuremos que ésta se eternice ante la asombrada audiencia. El mismo público de las butacas que -por igual- tratará en su escena interior de volver realidad la fantasía del eterno eros de la felicidad. No importa cuánto dure su acto: talvez un instante, unos años o ¡toda una eternidad! La misma eternidad de los amantes de mármol, bronce o piedra que sobreviven al tiempo en el círculo inmemorial del Divino Acto. (Libros Balaguer: Librería UCA y La Ceiba)

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