Hay tres clases de ciudadanos, políticos y empresarios: de “principios”, de “narrativas y “convertidos”. Los primeros piensan y se comportan de un modo coherente a lo largo del tiempo (son muy pocos); los segundos reaccionan conforme a las circunstancias e intereses (son muchos); y los terceros han sufrido un episodio radical (cada vez son más). Los seis factores que suelen generar conversión son: Dinero, poder, miedo, sexo, religión y crisis.
La “estatura moral” de una persona depende de tres sistemas: la “cosmovisión” o como se sitúa frente al mundo;su sistema “ideológico” y la fortaleza de sus ideas para interpretar y comprender la realidad; y su aparato “axiológico” o el equipaje de valores que guía su conducta y relación con la alteridad. Esto no se aprende en la materia Ética en el colegio o en la universidad, sino que se construye lentamente en el contexto familiar, los padres y madres suelen ser los maestros…
Los seres humanos somos tan similares como diferentes; la herencia genotípica, el tipo de familia, la seriedad religiosa, la educación recibida, el contexto cultural y la identidad cognitiva-emocional, moldean las personalidades y el temperamento, establecen una taxonomía amplia para ser ciudadano, empresario o político con una identidad particular e irrepetible.
Al final, los seres humanos somos una mezcla de lo que nosotros creemos que somos, de lo que otros piensan de nosotros, de lo que realmente somos más allá de las creencias, y, en resumen, de una mezcla de todo lo anterior; algo bastante complejo.
También las pautas de organización social nos definen: las leyes y normas, el aprendizaje de la tolerancia, los sistemas de bienestar, la administración de necesidades, intereses y convivencia. En este contexto, encontramos fenómenos que nos unen y a veces nos separan: Religión, ideologías, política, razas, sexo, intereses, deporte, justicia, minorías, etcétera. Todo esto ha generado dificultades para la convivencia y el respeto, trazando ciertas divisorias y estableciendo etiquetas o estigmas.
También hay herramientas o “mínimos” para mejorar la convivencia: Buscar el equilibrio, el diálogo, administrar disensos, la razón, el bien común y, sobre todo, el respeto a la alteridad. Sin embargo, últimamente ha predominado el antagonismo, los extremismos y la intolerancia, sobre la base de ideas absurdas de carácter racial y político, también ha aparecido la aporofobia, la xenofobia y la gentrificación.
En la tradición moral occidental, Sócrates nos enseñó a comprender las dinámicas de la justicia, el bien y la belleza; y a distinguir las diferencias entre las pasiones y placer. Platón nos habló de la armonía del alma; y nos describió una importante gama de categorías del comportamiento: lo racional, lo irascible, lo concupiscible, la moderación, la fortaleza, la prudencia y la justicia. Mientras que Aristótelesnos propuso el fin último de la ética pensada y la moral vivida: La felicidad -eudaimonía- y la herramienta para lograrla: la virtud -areté-. Hoy todo esto se ha erradicado del sistema educativo y de nuestras vidas…
Con todo este equipaje de ideas no puedes -o no deberías- andar por el mundo vociferando y cambiando de bando conforme a los intereses populistas o particulares del momento. Un día eres socialista, progresista, anti-empresa privada, anti Estados Unidos o amigo de los chinos, respetas la Constitución y la separación de poderes y los periodistas son imprescindibles; y luego por arte de magia te conviertes y te haces capitalista, conservador, miembro del imperio y enemigo de los chinos, la Constitución te estorba y tienes aspiraciones monárquicas y los periodistas son una lacra. No está bien, no es coherente, no es serio, no es ético ni moral. Esto nadie lo enseña…
La vida, la política y el mundo empresarial no es una miniserie, no es una película en dónde los actores, personajes, roles y papeles pueden cambiar conforme al guion de turno. La integridad y los principios son importantes para el futuro.
Por años nos creímos el cuento de aquellos “empresarios” audaces que estaban preocupados por la democracia, la libertad y la propiedad privada. Y todo era falso, lo único que les interesaba era su dinero y hacer más dinero a costa de lo que sea. Decían que le tenían pavor al comunismo porque iban a expropiar sus propiedades y sistemas de producción, pero después se hicieron amigos y socios de los comunistas, porque a muchos comunistas también les gustó el dinero, los lujos y viajar en avión privado…
La ética y una conciencia tranquila es el mejor seguro de vida para vivir y dormir tranquilos…; para que más tarde tu generación de relevo, tu familia, tus amigos o la sociedad misma no te echen en cara que eras un mentiroso, farsante o corrupto. Ignacio de Loyola decía: “El examen de conciencia es siempre el mejor medio para cuidar bien el alma” y Juan Bosco reafirmaba: “Quien tiene paz en su conciencia, lo tiene todo”.
La decencia y los principios -aunque estén equivocados- es la mejor herencia política y empresarial; muchas de las grandes fortunas de nuestras empresas se construyeron sobre la base de esfuerzo y trabajo digno, mientras que otras lo lograron con favores políticos, compadrazgo y corrupción. Y al final tienen que andar saldando cuentas y las historias terminan mal.
Hay principios acertados y equivocados -dependiendo del juicio de valor- pero son principios al fin; siempre íbamos a saber lo que pensaba Schafik Jorge Handal, Gloria Salguero Gross, Pepe Mujica, Ronald Regan o Margaret Thatcher; equivocados o no, eran gente consistente y respetaban sus principios y creencias, no eran populistas ni camaleones con discursos adaptados a las audiencias ni a las narrativas del momento.
La leyenda urbana atribuida a Groucho Marx -publicada originalmente en 1873 en un medio neozelandés- : "Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros", sigue vigente para muchos ciudadanos, empresarios y políticos; Bauman diría la nueva “moral líquida”, una moral que se arrastra a las conveniencias e intereses.
Los tiempos han cambiado, las ideas, las ideologías, la cosmovisión y la axiología se adaptan a las conveniencias de los tiempos. Su cosmovisión es hacer dinero y tener poder, su ideología se basa en cómo obtener más poder y dinero y los nuevos valores de su sistema axiológico son el dinero y el poder, todo lo demás se adapta, se ajusta, se modifica, se excluye o se desaparece.
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