¿Recuerdan esa clásica escena llena de suspenso donde hay dos chicas tomadas de las manos esperando a ser la próxima reina de belleza? Cuando una de las dos es nombrada siempre le acompañan los siguientes elementos: flores, banda y corona, no necesariamente en ese orden. Vivir ese momento es lo más parecido a tener una experiencia hipercorporal. En ese momento no lo notas, pero con el paso de los días te das cuenta de que uno de esos elementos es más “pesado” que otro y no, no es la corona.
En el mundo de los certámenes, más que nada los internacionales, hay un término no oficial llamado: “peso de banda”. Una Miss no puede tener peso de banda, pero el país al que representa sí puede ser un país con peso de banda. Generalmente los países con peso de banda son aquellos que históricamente han tenido un desempeño óptimo consiguiendo clasificaciones y coronas. Venezuela, Colombia, Filipinas, Tailandia, Brasil… son algunos de los países con peso de banda. Suelen tener más interés por parte de los medios antes y durante la competencia. También es más probable que estos países consigan trabajar con casas de diseñadores y marcas más grandes y exclusivas al ser tan mediáticos. El Salvador es un país sin peso de banda, así que cada Miss que ha representado al país, de cierta forma, lo ha hecho en cierta desventaja en comparación con otros.
Pero el peso de banda no sucede únicamente en los certámenes de belleza. ¿Será que la banda presidencial de Honduras pesa lo mismo que la de Rusia? ¿Cuánta influencia internacional tiene Honduras comparada con la influencia que ha tenido y tiene una nación como Rusia? El peso de banda se extrapola del mundo de los certámenes y podemos ver su influencia en la escena mundial a nivel de geopolítica, economía y orden mundial.
¿Por qué en el Consejo de Seguridad de la ONU solo 1/3 de los miembros tienen poder de veto? Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido son los cinco Estados permanentes desde 1945 reflejando el “equilibrio de poder” de la época. Claramente el mundo ha cambiado desde la segunda guerra mundial, pero la falta de consenso, el poco interés de compartir el derecho al veto y la complejidad política que implicaría un equilibrio global diferente han impedido una reestructura.
Lo mismo sucede con foros como el G7 o el G20. Aunque el G20 fue el resultado de la poca representación de mercados emergentes en el G7, siguen siendo foros con un número específico de países donde están las economías más grandes por PIB, comercio y finanzas. Estos foros defienden la idea que el número de países participantes y los países participantes son los ideales para “equilibrar el poder y la inclusión” sin afectar la eficiencia.
En teoría el número reducido de participantes agiliza la toma de decisiones. ¿Pero realmente estas prácticas fomentan la igualdad entre países y el bien común para el conjunto de naciones?
La Carta de las Naciones Unidas establece que todos los países son soberanos e iguales, sin importar su tamaño o riqueza. Pero la misma ONU rompe su propio principio de igualdad soberana al mantener el derecho a veto a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Tenemos organismos internacionales que promueven la igualdad trabajando para equilibrar las diferencias entre países. La Corte Internacional de Justicia que resuelve disputas entre Estados, la Organización Mundial del Comercio que busca reglas comerciales justas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que ayudan a los países en desarrollo con financiamiento.
Pero la realidad, a pesar de los esfuerzos, es que existe desigualdad de poder. Los países del G7 y G20 toman decisiones que afectan la influencia política. No es un secreto para nadie que Estados Unidos y Rusia tienen un poder considerable en la fuerza militar. Y cuando hablamos de poder económico podemos enlistar con los dedos de una mano cuáles son los principales países que dominan el comercio y las finanzas a nivel global.
Sabiendo que vivimos en desigualdad de poder, ¿qué le puede deparar a un país de 21 mil kilómetros cuadrados? ¿Qué nos asegura nuestra inclusión?
Miss Universo El Salvador 2021 y analista política