Artur Romeu dirige la oficina para Latinoamérica de la organización mundial Reporteros Sin Fronteras, con sede en Brasil, desde 2022. En 2018, visitó un El Salvador en campaña electoral presidencial, que atravesaba la encrucijada de salir del bipartidismo y que estaba por abrazar el proyecto de Nayib Bukele, quien finalmente ganó la presidencia en 2019. Era un país "lleno de expectativas", describe Romeu, con una población que anhelaba un cambio.
Ahora, en 2025, Romeu visita de nuevo El Salvador y explica que se ha encontrado un país con ciudadanía atemorizada, que habla bajito o cambia de tema al criticar al Gobierno, con un miedo constante.
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"Cuando estamos analizando la situación de la libertad de prensa de un país, entendemos que es una especie de termómetro de la salud, de la calidad de la democracia de ese país. Y cuando vemos lo que está pasando acá, nos preocupa, porque el diagnóstico es que está claramente enferma la democracia salvadoreña", explicará Romeu en esta plática de casi una hora con El Diario de Hoy.

De aquel El Salvador de 2018, antes del primer gobierno de Bukele, a El Salvador actual, en términos de la salud o de la condición del periodismo salvadoreño, ¿qué te encuentras?
R/ Creo que la situación ha cambiado bastante. Cuando estuve en 2018 recién había pasado la elección del presidente actual y creo que había mucha expectativa, algunas preocupaciones, inquietudes de parte de la sociedad civil, de organizaciones de derechos humanos, organizaciones sociales con lo que podría ser el gobierno, pero también de la sociedad; una especie de expectativa de algo nuevo. Nos parecía preocupante la situación por algunas declaraciones, algunas maneras, un estilo quizás que tenía ya el presidente, pero no estaba claro qué iba a pasar.
¿Y qué hallas ahora?
R/ Creo que hoy, en las conversaciones que tenemos con varios actores locales, no solamente cuando estamos acá, pero dando seguimiento a lo que está pasando en el país, nos parece que ha cambiado mucho la situación, en el sentido de que sí hay una estrategia de parte del gobierno actual de restricción al derecho al acceso a la información de la sociedad, una información libre, veraz, plural, de confianza; en que hay realmente una gestión activa por parte del gobierno para debilitar esos canales.
Estamos hablando de varios temas, pero esencialmente se podrían resumir en tres grandes aspectos. El primero es una especie de coptación de los medios públicos, o sea, hay realmente una máquina de propaganda por parte del Estado.
¿Cómo ven esa propaganda gubernamental?
R/ Va a instrumentalizar a medios que supuestamente deberían ser públicos, de interés público, como medios de gobiernos que tienen interés. En los titulares está muy clara la afinidad que tiene con el gobierno. Y al final son canales de comunicación para defender estrategias, defender la postura del gobierno y no el hacer periodístico, la función social de control del poder, de un balance de las instituciones no públicas. Y además de esa coptación, hemos visto también una especie de creación de un ecosistema de youtubers, influencers, de blogs, que se suman. A esa estrategia de propaganda del estado se agrega el riesgo de que se disfrace la propaganda de periodismo.
¿Cuál es el peligro de disfrazar propaganda como periodismo?
R/ Eso puede ser brutal, tremendo, hay que tener mucho cuidado y estar muy atento, porque aunque pueda tener una estética periodística de información y producción de interés público, ya no es periodismo, porque (esos canales estatales) son un medio de relación pública, o sea, están haciendo relación pública de parte del gobierno. Entonces, un primer aspecto muy grave que se ha profundizado y hoy creo que está completamente estructurado es una máquina propagandística, eso es muy preocupante.
¿Cuál es el segundo aspecto que has identificado en el entorno del periodismo salvadoreño?
R/ Las estrategias de intimidación, más directas incluso. Tenemos ya históricamente, desde el principio, un gobierno que no ha dejado de mantener un discurso público hostil hacia la prensa, o sea, que realmente adoptó un discurso de problematización, estigmatización, de señalar a medios, de atacar a medios, o sea, sistemáticamente, por sus líneas editoriales y eso lo hemos visto en varios países de tendencias más autoritarias.
En Brasil incluso, de donde vengo, con el gobierno Bolsonaro estaba muy claro, por ejemplo, la estrategia de un gobierno, que no eran casos aislados. Siempre hay una tensión entre medios y gobiernos. Eso es normal. Pero cuando es una estrategia real, que tiene características específicas, que tiene una lógica de estigmatización de los medios, al final el resultado que se está buscando es la pérdida de credibilidad en los medios.

¿Qué busca el Gobierno cuando trata que ciertos medios pierdan credibilidad ante la audiencia?
R/ Disminuir el escrutinio público de la sociedad, porque si la sociedad ya no tiene confianza en los medios, porque todo el tiempo el jefe de estado, o autoridades, están atacando al medio sistemáticamente, luego tenemos una situación en que se pierde completamente la confianza y ya no importa qué están publicando los medios, si son hechos, si son ah investigaciones completamente bien hechas y estructuradas; pero si no tienes confianza en quién te está contando la historia, ya no crees. Y eso contribuye con un escenario de caos informacional y de pérdida de confianza en la ciudadanía en los medios.
¿En qué otros países se han encontrado con una situación similar, con gobiernos con esa intención?
R/ En varios países. Y eso no tiene nada que ver con temas del espectro político, o sea, hay en países donde hay liderazgos fuertes de izquierda, podemos hablar de Nicaragua, de Venezuela, de Cuba; incluso en otros varios países de Bolivia, Ecuador en su momento. O sea, países donde los líderes han adoptado esa estrategia programática de escalar un ataque y de promover una especie de confusión en la ciudadanía sobre qué es el periodismo y la función social del periodismo.
Al final, a esos líderes no les interesa tener un ecosistema mediático activo, plural, libre. Y quieren, o sea, entienden el ejercicio del periodismo como instrumentos de comunicación de sus propios intereses de gobierno y estado. Pero creo que acá (en El Salvador) hay algunos niveles de sofisticación en relación a algunos países.
¿Qué tipo de sofisticación?
R/ Creo que lo maneja muy bien el presidente Bukele, trabaja muy bien su imagen junto a la sociedad, tanto por la cooptación de sus medios públicos, pero además por su imagen pública en las redes sociales. Él mismo se presenta como un presidente cool, que está buscando estrategias de innovación tecnológica con los bitcoins, o sea, se presenta como un actor que está de moda, moderno, o sea, no necesariamente con la característica de algunos líderes que tienen una postura más tradicional o clásica de gobierno, por ejemplo, Ortega en Nicaragua, o de Bolsonaro y otros liderazgos que no manejaban tan bien la narrativa pública. Y creo que ese elemento de sofisticación es interesante de ver, incluso de promoción de la imagen del gobierno afuera de las fronteras de El Salvador para una derecha internacionalista.
¿Qué otro factor encuentra en las acciones del Gobierno de Bukele en cuanto a la libertad de prensa?
R/ Otro elemento son las discusiones legislativas, cómo algunas estrategias de adopción de leyes, por ejemplo, leyes de protección de los datos personales, leyes anticorrupción, incluso entiendo que en la nueva ley de inteligencia artificial y varias otras leyes en que sí, son leyes que son importantes, que van en la vanguardia del derecho a la libertad de expresión y de la Unión Europea, por ejemplo, los marcos normativos que estándares internacionales defienden, ¿no? Las leyes de datos personales, inteligencia artificial y todo eso. Pero son leyes que tienen esos nombres bonitos, pero seguramente intenciones más perversas, o sea, que hay puertas, brechas en esas leyes que generan a un espacio, una lógica de silenciamiento sobre todo las fuentes y de los funcionarios públicos.
¿Qué provoca este tipo de leyes en la ciudadanía?
R/ Hay una sensación de cerco en alguna medida. En varias personas con quienes hemos conversado, en estos días, se nota un temor, o sea, algo de miedo por el estado de excepción y lo que significa el estado de excepción, pero también por una especie de demanda de lealtad permanente de parte del estado.
¿En qué han identificado ese temor en la gente con la que han conversado? ¿En qué tipo de gesto o actitud?
R/ En las conversaciones que tuvimos, por ejemplo, hubo varias… hay pericias de de dispositivos electrónicos, de celulares, por ejemplo, está claro que hay casos que han sido infectados por Pegasus, que es un software espía. Entonces hay varios relatos y no de organizaciones de aquí, investigaciones hechas desde afuera, de software espías en dispositivos electrónicos de periodistas, de defensores, activistas… Entonces, es raro estar en un país democrático en que vas a encontrarte con colegas periodistas y la gente casi que automáticamente pone sus dispositivos alejados, porque tienen miedo de que estén bajo algún tipo de vigilancia. Además (miedo) creo que de hablar, o sea, más despacio, de hablar como más bajito, de cuando se está refiriendo a cosas que están pasando hacia escenarios de violaciones (de derechos), a casos específicos, a tendencias y miedos, de prácticas autoritarias del gobierno. O sea, hay un un temor que es tangible.

Entre 2018 y ahora, creo que ese es lo más perceptible. Ahora veo que hay una preocupación, con un ejercicio de control social más grande por parte del gobierno que se suma a una lógica de opacidad, de ausencia de transparencia.
En este último tema, ha sido debilitado el Instituto de Acceso a la Información Pública, según denuncias de diversas organizaciones civiles salvadoreñas. ¿Qué opina?
R/ Creo que es un ejemplo claro. En su momento, ese instituto ha sido un ejemplo normativo de estándares internacionales adoptados en el país, que se presentó como los primeros países de la región que tuvo una legislación, de hecho, de vanguardia y fuerte en términos de garantías de transparencia pública. Había algo sólido. (Pero) hace ya varios años, 4 o 5 años, al menos, que se debilitó completamente la autonomía y la capacidad de trabajo de ese instituto, que ya no da información pública y eso sí suma a una lógica sistemática por parte del estado de bloquear el acceso a fuentes, o sea, de obstaculizar el acceso a ruedas de prensa de algunos medios, de que no los dejen hacer preguntas.
Hay un efecto de alejamiento de las fuentes.
R/ Varios periodistas nos comentaron de que intentan contactar fuentes para tratar de hablar de temas diversos, o sea, temas sí de la actualidad política, pero incluso temas amplios; pero si son medios que están clasificados como 'panfletos', como enemigos públicos, o sea, que ya han sido blancos de algún tipo de discurso violento de parte de las autoridades, incluso del presidente, (entonces) las fuentes de sus medios ya no les quiere, o sea, como si estuvieran enfermos, o sea, 'no, no hablen conmigo, porque no quiero meterme en problemas¿. O sea, ¿cuándo hablar con un periodista es meterse en problemas? Esto, ¿qué quiere decir? Ese hecho, que parece relativamente pequeño, o sea, no estamos hablando de una censura de estado ah o sea, ya completamente deflagrada; pero esos hechos nos dan cuenta de una historia de de pérdida de libertad en el ejercicio, en la capacidad de ejercer libremente el periodismo.
En El Salvador, los y las periodistas estamos enfrentando diversos obstáculos. Además de que Instituto de Acceso a la Información Pública está prácticamente desmantelado, también las peticiones de acceso a los ministerios, a las instituciones públicas generalmente son infructuosas. Entonces, de alguna forma, las audiencias se van acostumbrando a que las instituciones no respondan a los medios. ¿Cuál es el peligro en ello?
R/ Creo que frecuentemente, cuando hablamos de libertad de prensa, se habla desde una perspectiva individual, o sea, el derecho de un medio, de un periodista, a que pueda producir sus reportajes, que pueda hacer su trabajo, o sea, defender el derecho del ejercicio periodístico en ese nivel. Pero creo que ah hay un aspecto quizás más importante, relevante, cuando estamos hablando de libertad de expresión y de prensa, que es la dimensión social, la dimensión colectiva de ese derecho.
¿En qué consiste esa dimensión colectiva?
R/ Ese derecho al acceso a la información de parte de la ciudadanía. Eso no es un favor. Los gobiernos democráticos tienen la obligación de la transparencia. La excepción o la confidencialidad son las excepciones, o sea, tienen que estar muy bien clasificadas para mantener algunas informaciones que se justifiquen como de sigilo. Pero la regla es la transparencia.
El acceso a la información es vital para la ciudadanía y sí hay una especie de normalización, banalización, de que 'los periodistas nos están molestando'; quiero decir que eso hace parte de una lógica mayor, más integrada, más programada de restricción del acceso a la información de la ciudadanía.
Y creo que un aspecto clave también que hemos visto y hemos recibido varias denuncias de periodistas salvadoreños, son de casos incluso de intimidación directa.
Coméntemos de esos casos que han detectado.
R/ Hablemos de allanamientos en las casas de periodistas sin explicación, hostigamiento; recibimos una denuncia de que periodistas que dan cubrimiento a la fuente legislativa, que están en la Asamblea Legislativa del país, que ya no pueden circular con autonomía en los pasillos; que alguien se presenta como si tuvieran una escolta, que les está apoyando a circular en la Asamblea, pero al final son de hecho personas que están controlando con quién hablan, sobre qué hablan y les esperan incluso afuera de los baños. Eso nunca… eso es algo que no hemos visto en otros países y eso ni siquiera es la parte más sofisticada que mencionaba, esto es realmente lo básico, hay una lógica de control de la información por parte del Estado.
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Hay otras situaciones que han pasado con personal de El Diario de Hoy, pero también en otros medios. Por ejemplo, obstrucción del trabajo al tomar fotos desde la vía pública, o de construcciones estatales como hospitales, estadios o parques. Frecuentemente llegan policías o agentes de gobierno, que pueden retener por horas al personal periodístico, mientras les exige que borre su material o sus registros. Hay una clara limitación a la reportería. ¿Cómo ven esto?
R/ Eso es algo que no se limita a El Salvador, es parte de una percepción social sobre el ejercicio del periodismo. Creo que se ha contaminado a la población, en un esquema de polarización, de violencia política, discursos públicos orientados a la crítica a la prensa. Por ejemplo, en Estados Unidos tenemos varios ejemplos de Trump, la manera con que ha tratado Voice of America, ahora con el despido masivo y del desmantelamiento de la comunicación pública de Estados Unidos, o el no acceso de Associated Press a los briefings de prensa en la Casa Blanca.

¿Cómo ve esta postura de Trump?
En todas las entrevistas, o con mucha frecuencia, Trump siempre lo ha dicho: los medios como enemigos del estado, como enemigos de la ciudadanía; como si el ejercicio del periodismo, de producir información crítica sobre lo que está pasando en el país, fuera sinónimo de traición, o sea, de sedición, de estar a debilitando la imagen del estado, del país; (Trump plantea que el medio) tiene que que todo el tiempo promover la imagen del país, porque es importante defender al país y la patria.
Esos discursos nacionalistas contaminan completamente a la ciudadanía. Entonces, esos pequeños gestos del cotidiano, en que incluso ni siquiera son funcionarios públicos, o sea, son agentes privados que te impiden de tomar fotos, de hacer tu trabajo, y de que un periodista que llega a una parte para hacer una entrevista, luego sea tratado con hostilidad.
De nuevo, no estamos hablando de una censura clásica, tal cual las imaginamos en las dictaduras del Cono Sur, en los 60 o 70, o sea, con restricciones o de países ampliamente autoritarios. Estamos hablando de una censura 2.0, o sea, de crear mecanismos, discursos, situaciones, instrumentos, movilizar esas herramientas de propaganda y desinformación, intimidación y opacidad. Movilizar esos tres vectores de acción para generar una lógica de silenciamiento, de temor, miedo.
Dentro de esa acción que genera temor, en El Salvador está el régimen de excepción desde marzo de 2022.
R/ Hay una particularidad acá con el tema del estado de excepción, ya de 34 meses, y es que genera aún más temor. O sea, la lógica del encarcelamiento masivo, aunque hay sectores que pueden incluso defenderlo como algo necesario para enfrentar la crisis de seguridad pública en su momento, etcétera.
(Pero) eso genera un temor en la gente, un 'eso me puede pasar', 'no quiero problemas'. Y hablar con periodistas, hablar con medios, sobre todo si son medios críticos y que tienen tensiones con sectores del gobierno, pues 'ya no les quiero'.
Entonces creas una especie de lógica de autocensura, de estado de silencio, en que no es que no puedas hablar de determinados asuntos o necesariamente publicar determinados temas duros; no necesariamente significa que van a venir por alguien o por el medio, o como lo hicieron con Confidencial, con La Prensa de Nicaragua, de realmente acabar y destruir el medio.
Ah, pero se debilitando, deteriorando, hasta incluso con temas de asfixia económica y presión administrativa. Por eso estamos hablando de cerco (al periodismo).
¿En qué acciones identifican ese cerco al periodismo en El Salvador?
Por ejemplo, cuando organizaciones sociales de manera general, pero en particular, por ejemplo, la asociación gremial, la APES (Asociación de Periodistas de El Salvador), tiene dificultades de obtener sus credenciales para seguir operando como asociación; o el Colegio Médico, u otras estructuras u organizaciones sociales… O El Faro, que es uno de los medios más respetados en América Latina por sus investigaciones desde hace más de 20 años, y que su modelo de funcionamiento se tenga que desplazar, reubicar su estructura administrativa a otro país, a Costa Rica, por temor de que hay un riesgo de presiones administrativas, de auditorías fiscales. Y claro, hay necesidad de hacer auditorias fiscales, eso es normal en todos los sectores de la economía. Pero se utiliza esos mecanismos como presión, como estrategia de intimidación. Y eso está claro en la manera en que nos cuentan eso, no solamente desde El Faro, pero otros medios.
Entonces, han identificado una combinación de obstáculos y frenos al ejercicio periodístico en El Salvador.
R/ Presiones administrativas, estrategias de intimidación, agresiones, ciberacoso, un discurso violento hacia la prensa de manera general; impactos en la transparencia pública, de presión sobre las fuentes; hay un cúmulo. Y la pregunta que tenemos, es ¿hasta dónde vamos?
Porque creo que es esa la pregunta que hay que hacer ahora: Cuando la ciudadanía salvadoreña piensa en periodismo, cuando piensa en libertad de prensa, cuando piensa en sus periódicos y en sus periodistas, que pueda haber un sentimiento de solidaridad, o sea, de hay que defender nuestros periodistas, hay que defender nuestros medios, son los que nos están informando.

Un espacio de valoración del ejercicio del periodismo, porque son pilares del ejercicio democrático y la pluralidad, o sea, es un elemento clave de las democracias.
¿Cómo ve entonces a la democracia salvadoreña, tomando su periodismo y libertad de prensa como señales?
R/ Cuando estamos mirando y analizando la situación de la libertad de prensa en un país, es una mirada específica hacia un sector específico, hacia un derecho específico. Pero entendemos también que es una especie termómetro de la salud, de la calidad de la democracia. Y cuando vemos lo que está pasando acá, nos preocupa el diagnóstico. Ese termómetro de la calidad de la democracia nos preocupa un poco. Está claramente enferma la democracia salvadoreña.
Entonces, creo que la ciudadanía tiene que defender los periodistas si quiere defender la democracia. Y no porque hay que defender periodistas porque a nosotros nos gusta los periodistas, pero porque al defender el periodismo estamos defendiendo nuestro propio derecho a tener información.
¿Por qué las audiencias deben defender al periodismo independiente?
R/ (Romeu pone un ejemplo) Creo que hay una especie de consenso alrededor del tema de la crisis climática. Hay una discusión muy consolidada sobre la emergencia climática, que tenemos que pensar estrategias, de cómo es uno de los grandes retos de la humanidad. Claro que hay sectores negacionistas, pero la discusión está.
Bueno, creo que la defensa de la integridad de la información, o sea, una información veraz, fiable, plural, libre, está en la misma altura. O sea, es es un reto global al que está vinculado el futuro, incluso la humanidad. No es algo pequeño.
Al final, cuando estamos hablando de protección de periodistas, no quiero que suene como si fuera algo corporativista, como si estuviéramos hablando de que hay que defender la categoría de los periodistas. Es (defender) realmente el derecho al acceso a la información de la ciudadanía, lo que nos permite tener una participación ciudadana activa, en que nos apropiemos de nuestra propia capacidad de impactar a los rumbos de la sociedad y del futuro del país.
En el país, se dio el caso del encarcelamiento del periodista comunitario Víctor Barahona, quien luego dio su testimonio público, pero después su defensa explicó que judicialmente lo habían presionado para no dar más declaraciones de lo que había vivido en las cárceles. ¿Cómo ven este caso?
R/ Si no tenemos acceso a información por estrategias de silenciamiento, toma a un periodista como chivo expiatorio y lo pone ahí 11 meses y lo presiona; y luego cuando salga le pone otra capa de revictimización, de violencia… Son mensajes que se envían todo el tiempo del gobierno y el resultado de esos mensajes es que la gente no quiere hablar con periodistas por temor. (También) el resultado es que periodistas no quieren hablar, o sea, cuando van a hablar de lo que están pasando con ellos van a hablarlo bajito, van a poner sus sus teléfonos lejos. Hay un algo que es intangible pero brutal para la calidad y la sobrevivencia de cualquier democracia.

Entonces, cuando pregunto para dónde vamos, la pregunta es cómo se puede, en un país en que el gobierno ejecutivo no solamente coptó a los medios públicos, pero también tiene una mayoría absoluta en la casa legislativa, que tiene bastante a influencia sobre el poder judicial, que está avanzando en la autonomía de las alcaldías… ¿cuál es el rol del periodismo en un escenario de captura democrática por un gobierno? Es la denuncia. Hay que problematizar, hay que llamar la atención. La función social del periodismo es ejercer un control social sobre el poder.
¿En qué sentido?
R/ Si no podemos ejercer un control social sobre el poder, no estamos haciendo periodismo. Estamos haciendo propaganda, relación pública.
Entonces, creo que hay que hablar, por ejemplo, de unos titulares que hemos visto en el Diario El Salvador sobre el impacto del bloqueo de USAID para los medios salvadoreños; o sea, ahí ponen 'periodistas independientes', entre comillas, porque reciben fondos de cooperación estadounidense y han sido impactados, por supuesto, por esos bloqueos abruptos de financiación de Estados Unidos. Y creo que se están enfrentando varias crisis, ¿no? Una crisis económica muy brutal, una crisis de sostenibilidad. Y una de las lógicas de financiación de los medios en todas las partes es la filantropía.
O sea, acá todo el tiempo van a acusar esos de que (hay medios que) están asociados a George Soros y a Open Society todo el tiempo. Son narrativas… la filantropía es un actor clave en la promoción de un ecosistema de medios; la cooperación para el desarrollo internacional es un actor clave, y no solamente americana, pero de Europa, de España, de varios países europeos que tienen en su estrategia de defensa y promoción de la de la democracia en el mundo el apoyo a organizaciones de derechos humanos y a organizaciones periodísticas.
Eso hace parte. Entonces, vincular esa esa lógica de dependencia económica, de aprovecharse de las crisis de sostenibilidad de los medios para hacer acusaciones completamente superficiales, de que pueda haber una especie de que son todos periodistas vendidos, que solo están haciendo su trabajo 'porque quieren acabar con el gobierno', eso es una lógica realmente primaria.
Entonces apelo no solamente al gobierno, por supuesto, incluso al comisionado presidencial para la libertad de expresión y derechos humanos (el colombiano Andrés Guzmán).
Nota: Romeu explicó a El Diario de Hoy que el 18 de marzo por la tarde tendría la reunión con el comisionado Guzmán.
¿Qué planea conversar con el comisionado?
R/ He visto un tuit él hoy, sobre un caso de una periodista que se exilió (Alba Amaya de Deutsche Welle), para decir: 'Mira, hablé con esa periodista y bueno, no hizo ningún registro por escrito de la denuncia, lo lamento, pero es importante que todos sepan que la libertad de expresión, la libertad de prensa, el periodismo, está absolutamente garantizado en El Salvador, que hay totales y absolutas garantías para ejercer el periodismo'.
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O sea, es preocupante, por decir lo mínimo, que la persona del gobierno, que es el punto focal para trabajar con organizaciones de libertad expresión, de medios para acoger denuncias, para acoger a los periodistas que son víctimas de distintas formas de presión, incluso no necesariamente de parte del estado, pero de otros actores; que mire la situación tal cual está hoy y sea capaz de de decir que todo está perfecto.

Entiendo que es parte del gobierno, es normal; pero que no tenga la capacidad de problematizarlo, de decir, "mira, ah sí, hay problemas." O sea, "recibimos denuncias. Estamos trabajando en esas denuncias. Que sí, recibimos denuncias internacionales, hay informes internacionales, hay comunicados de organizaciones internacionales y locales que uno de los principales medios del país tenga que reubicar su sede administrativa, o sea, eso es un problema, eso no es tan normal". Hay un problema cuando periodistas sufren seguimiento y control en su en su movilidad cuando están dando cobertura a la fuente legislativa.
Un gobierno democrático es permeable a la crítica y creo que una de las más importantes características de estilo del gobierno acá es la impermeabilidad a la crítica y una necesidad de una construcción sistemática de lealtad. (Pero) el periodismo no es un ejercicio de lealtad, es un ejercicio de crítica, de control, de discusión pública.
En El Salvador, hay medios como el nuestro que mantienen su labor de fiscalización periodística, a pesar de tantas trabas. Pero el panorama es difícil y buena parte de la audiencia no apoya esta labor, sino que al contrario, la critica. Mencionaste que la misma población debería defender a sus periodistas y medios, porque son parte de una democracia sana; también que la ciudadanía debería informarse más y mejor, para tener una postura más critica y profunda; pero eso no parece ocurrir en El Salvador, al menos no en este momento. ¿Dónde comenzamos a construir esa respuesta?
R/ Creo que el rol del periodismo en un escenario tal estamos acá en El Salvador no es atacar a la popularidad de un gobierno, o sea, de enfrentar o de estar preocupado con la popularidad del gobierno. Creo que la preocupación debe ser hacer su trabajo, hacer un periodismo crítico libre, independiente, con principios y valores muy establecidos, transparentes, o sea, la transparencia es el elemento clave de la credibilidad y de la confianza junto a la sociedad y la ciudadanía.
Esos mecanismos que se puedan adoptar, de 'autorregulación' de los medios, de buscar esquemas, de fortalecer su transparencia, junto a convocar a la ciudadanía y decirle: 'miren, este es nuestro proceso periodístico'.
De decir, 'vamos a invitar, no sé, a un representante de la ciudadanía a venir a una redacción a entender el proceso. No sé, pero realmente la educación y alfabetización mediática se han vuelto una necesidad en los tiempos de hoy.
Creo que hay mucha desinformación, un caos informacional en que no se entiende el rol del periodismo y creo que los periodistas tienen algún grado de responsabilidad en eso, y que deben poder dialogar con sus audiencias de manera muy honesta y transparente. Esa es es una parte de la respuesta.
Creo que el desafío que tenemos por delante es a cómo involucrar a la sociedad, cómo hacer que la sociedad entienda que cuando estamos hablando de libertad de prensa, estamos hablando de garantías para sus propios derechos, para que tomen decisiones informadas sobre su futuro.
Los medios tienen tienen un rol esencial en eso y hasta que pueda haber un consenso alrededor de eso, necesitamos de más apertura de parte de los gobiernos, para discutir esos retos que están puestos y que todos los países del mundo están enfrentando de manera seria y no superficial.
El problema es realmente mayor. Hay un deterioro global de la calidad de las democracias, hay una nueva corrida de armamentos en el mundo, hay una nueva orden mundial… necesitamos estar bien informados para poder enfrentar esos problemas y tener perspectivas de futuros.
Para estar mejor mejor informados, necesitamos de periodismo y periodismo hecho por personas que ejercen actividad periodística para el interés público, para la defensa del interés público de forma independiente, cuánto más plural mejor, pero independiente de intereses, o sea, de líneas editoriales específicas, o sea, realmente defender el ideal del periodismo y ni siquiera de una prensa o de un sector de la prensa, o sea, el ideal del periodismo como una piedra angular de lo que tenemos de mejor en términos de organización política social.
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