Apostarle a invertir en un negocios en Intipucá está descartada para los intipuqueños residentes en Estados Unidos quienes consideran que después de varias décadas trabajando en el extranjero tienen ganado pasar su retiro laboral en su tierra natal.
Para pasar esa etapa de su vida, muchos invierten en sus viviendas para que tengan comodidades similares a las que tenían en Estados Unidos y que al fallecer sus bienes los disfrutarán sus hijos y nietos.
Los hermanos Manfredo y Salvador Mejía Ortíz son parte de esa población de la diáspora, ambos están gozando de su jubilación, con los ahorros que hicieron construyeron viviendas y negocios en el extranjero.
Manfredo tiene ahora 74 años. A los 25 años migró de forma irregular, siguiendo los pasos de su hermano. Ambos emigraron tratando de superar la pobreza.
“Desde que llegué a Estados Unidos tuve dos trabajos. Logramos hacer algo, un restaurante en el exterior y una casa en Intipucá; cuando me fuí, mi casita era de bahareque. La mayoría de mi época estamos regresando, hemos pensado venir a descansar a vivir cómodamente y estar viajando; ya no queremos estar pensando en seguir trabajando tampoco, en tener un negocio localmente”, explica Manfredo.
Salvador tiene 76 años y retornó al país en el 2000. Estuvo de alta 13 años en el ejército salvadoreño y por temor a la guerra civil sus familiares decidieron pagarle el viaje a Estados Unidos. Migró vía terrestre a los 27 años de edad.
Tras varios años de trabajar junto a su esposa emprendieron un negocio de elaboración y venta de pupusas, tamales y otros productos nostálgicos. En algún momento compró ganado y tierras en El Salvador, pero tuvo una mala experiencia con la mano de obra y desistió.
Cuando cumplió 62 años tramitó su retiro y retornó al país. Ahora sus días los pasa entre Estados Unidos e Intipucá.
“La gente que manda las remesas familiares ayuda en parte y muchos se adaptan a no poner negocio porque no hay mucho clientes para sobrevivir”, agregó Salvador Mejía Ortíz.
Alcides Andrade Gallo actualmente construye una propiedad de segundo nivel en la playa El Icacal; es para alojamiento de su misma familia y descansar de su retiro. Los obreros que contrató no son de la jurisdicción sino de otros municipios.
Andrade Gallo había cursado hasta noveno grado y en 1,972 decidió migrar ilegalmente, cuando apenas tenía 17 años; decidió aventurarse como antes lo hizo su hermano. Al llegar tenía dos cosas en mente, trabajar y aprender inglés e incluso llegó a estudiar por varios años en la universidad.
“En el año que migré fue el máximo éxodo, y continúan haciéndolo, es por eso que el pueblo está como el pueblo fantasma y lo que se ve es lo que tenemos; no hay desarrollo y lo único que tenemos es en arquitectura, casas de diferentes estilos y diseños pero no tenemos ese gran auge o desarrollo; Intipucá se quedó estancado no como en otras ciudades que hay comercio e industria”, agregó Andrade Gallo, ahora de 70 años, quien ha disfrutado de conocer varios países.
De acuerdo con datos de personas que trabajan en empresas de inmobiliaria, en Intipucá actualmente se han elevado los precios de los terrenos y las viviendas. Algunas sobrepasan los $800,000. Los precios varían según la ubicación del inmueble si está en la zona de las costas o a orillas de la carretera.