La vivienda de los hermanos González Gutiérrez se mantiene entre edificios con comercios y construcciones más modernas. La vivienda fue construida por los padres de los adultos mayores por la década de 1930 y el terremoto del 2001 la dejó dañada. Foto EDH/Emerson Del Cid Marta Alicia González, de 74 años, vive junto a su hermano en esta vivienda que luce notablemente dañada con el paso de los años y los fenómenos que la han perjudicado. Foto EDH/Emerson Del Cid José Raúl González Gutiérrez es hermano de Marta, quien se dedica a conseguir ingresos económicos con "mandados" en las tiendas y negocios del barrio San Esteban, donde le pagan 50 centavos a un dólar por cada tarea. Foto EDH/Emerson Del Cid El interior de la vivienda es de difícil acceso debido a la acumulación de pertenencias de decenas de años. Foto EDH/Emerson Del Cid El techo de la vivienda está dañado por el terremoto del 2001, lo que ha generado desde entonces filtraciones de agua cada vez que llueve. Los hermanos adultos mayores urgen de ayuda de personas altruistas para repararlo porque "en cualquier momento se cae" aseguran. Foto EDH/Emerson Del Cid
El interior de la vivienda es oscuro debido a que no poseen energía eléctrica. Hace años les suspendieron el servicio debido a la falta de pago. Ellos argumentan que dejaron de pagar debido a que no siempre tenían el dinero para ello. Foto EDH/Emerson Del Cid Marta Alicia está encargada del trabajo del hogar, pese a que las condiciones son complicadas. Ella cocina con leña, pero la cercanía con el techo dificulta hacerlo. Foto EDH/Emerson Del Cid Este es el baño de los ancianos en condiciones insalubres. Foto EDH/Emerson Del Cid Los hermanos aún poseen el servicio de agua potable, pero aseguran que tienen una mora acumulada de hace años. Foto EDH/Emerson Del Cid El suelo de la vivienda está hecho entre cemento y algunos espacios de tierra. Marta debe usar botas para poder caminar entre las pozas que quedan. Foto EDH/Emerson Del Cid Las noches en la vivienda son complicadas. Ellos compran candelas para poder observar entre la oscuridad, con el cuidado de que no queden encendidas por un posible incendio que termine de perjudicar sus condiciones de vida. Foto EDH/Emerson Del Cid Los hermanos llegan hasta la noche a la casa con sus rostros agotados por su avanzada edad y la necesidad de salir a buscar cualquier tarea que les permita generar ingresos económicos. Foto EDH/Emerson Del Cid "Las noches son más complicadas" define Marta Alicia, quien tiene diagnosticado miopía en nivel avanzado y esto dificulta su visión. Foto EDH/Emerson Del Cid Esta es la cama donde duerme don José, la cual está deteriorada por la excesiva cantidad de agua que le ha caído en los últimos años. Foto EDH/Emerson Del Cid Marta camina todos los días 1.43 kilómetros hacia un supermercado de la Calle Rubén Darío, donde se dedica a pedir limosna. Foto EDH/Emerson Del Cid "A veces la gente solo pasa y pasa. Pero consigo algo". Esta es la única forma de ingresos que ha encontrado la mujer desde hace 10 años aproximadamente. Foto EDH/Emerson Del Cid
La mayoría de prendas de vestir y zapatos lucen viejos y desgastados por el uso y el tiempo. Foto EDH/Emerson Del Cid "En ocasiones consigo diez dólares, a veces doce" explica Marta, dinero con el cual ya puede distribuirlo para las necesidades del hogar. Foto EDH/Emerson Del Cid Los hermanos González urgen de ayuda económica con la reparación de la estructura de su vivienda para mejorar sus condiciones de vida en su vejez. Foto EDH/Emerson Del Cid Las noches en la vivienda son complicadas. Ellos compran candelas para poder observar entre la oscuridad, con el cuidado de que no queden encendidas por un posible incendio que termine de perjudicar sus condiciones de vida. Foto EDH/Emerson Del Cid
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