En la penumbra solemne de la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador, el eco del mártir salvadoreño pareció encontrarse con el espíritu indomable del rock el 6 de marzo de 2016, cuando Nicko McBrain, baterista de Iron Maiden, y Janick Gers, guitarrista de la banda, descendieron por las escaleras que conducen a la cripta del entonces beato Óscar Arnulfo Romero.
Entre los muros de piedra que resguardan el legado del santo de los pobres, los músicos se encontraron cara a cara con la historia de un hombre que, con su voz y convicción, desafió la injusticia hasta el último aliento.
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Guiados por Paulita Pike -quien compartió fotos de la visita de los rockeros en su Facebook-, una voluntaria con más de dos décadas de servicio en la cripta, McBrain y Gers escucharon con atención la historia de Romero: el arzobispo que prefirió la verdad al silencio, la justicia al miedo.
Fue un momento de recogimiento insólito para dos figuras del metal, un género muchas veces asociado con la rebeldía y la irreverencia. Pero aquel día, entre las paredes del recinto sagrado, lo que se sintió fue respeto.
La cuenta de TikTok de chamba.n.c. recordó el día que dos integrantes de Iron Maiden visitaron al tumba del santo salvadoreño, con esta publicación. VIDEO: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://www.tiktok.com/@chamba.n.c/photo/7485225086937517317
Para McBrain, cuya fe cristiana ha sido un pilar en su vida, el impacto fue evidente. Conmovido hasta las lágrimas, el baterista asimiló la historia de Romero como una de sacrificio y amor inquebrantable por los desposeídos.
Gers, por su parte, guardó silencio, como si las palabras fueran insuficientes ante el peso de la memoria de aquel hombre convertido en santo.
Horas más tarde, en el estadio Mágico González, el espíritu de Romero pareció alcanzar el escenario. McBrain, con una camiseta que llevaba la imagen del mártir salvadoreño, dedicó el cierre del concierto en su honor. "Esto es para Monseñor Romero", dijo al público, uniendo en un solo instante la fuerza del rock y la eternidad de un legado imperecedero.

El homenaje de Iron Maiden a San Óscar Romero fue más que un gesto simbólico. Fue la prueba de que su historia sigue tocando almas, incluso aquellas acostumbradas a los acordes más estridentes y a los escenarios iluminados por la euforia del metal. Porque la memoria de los justos no tiene fronteras, y la voz de los mártires nunca se apaga.
Y a 45 años de su asesinato, este 24 de marzo de 2025, su voz sigue latente recordando que quienes pretendieron callarlo, lo que provocaron fue hacerla resonar con más fuerza.
(Artículo elaborado con asistencia de IA)
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