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Cien años de logros y retrasos
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Tras los grandes descubrimientos científico-tecnológicos que revolucionaron el siglo XX, también pasarán a la historia las secuelas de los desastres naturales, influenciados por el deterioro ambiental y la carencia de estructuras de prevención y mitigación.

Un siglo atrás, la naturaleza era tan impredecible como hoy. La diferencia es que la población mundial no llegaba a la mitad de los 6000 millones de habitantes de la actualidad y los recursos eran mayores. El avance de los desastres y el deterioro ambiental no eran por el momento problemas para discutirse.
En los años veinte, la revolución industrial y los descubrimientos científico y tecnológicos marcaban la diferencia. La ascendente y descontrolada explotación de los recursos naturales ya se manifestaba en la ex-pansión de los desiertos de África, la destrucción de los bosques y la contaminación de los océanos al crecer las ciudades y las flotas de barcos mercantes.
Las nuevas tecnologías no sólo llevan al hombre a la luna, sino que paralelamente aumentaron los gases de efecto invernadero que inciden en el calentamiento de la tierra y creció el orificio en la capa de ozono. Así también nació la bomba atómica, cuyos efectos contaminantes todavía los resiente Japón y con la que se anuncia la llegada de la era nuclear con sus secuelas de muerte.
La ex Unión Soviética es la región que más ha sufrido los efectos de la crisis anunciada. Desde 1957 ha registrado tres accidentes nucleares de gran envergadura. De estos el más mortífero fue el ocurrido en 1986, al explotar la planta de Chernobil, Ucrania, exponiendo a la contaminación a un millón setecientos mil personas.

 

Para inicios de la década del 70, el deterioro ecológico y su incidencia en el desarrollo de los países era ya un problema global. Esto dio la pauta para que en 1972, durante la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente, expertos de todo el mundo aconsejaran promover nuevos estilos de vida.
El llamamiento quedó en papeles. La degradación y en consecuencia los desastres fueron en curva ascendente: más personas sin hogar, mayor contaminación y pérdidas que sólo en la década del 80 se elevaron a 120,000 millones de dólares.




Centro América vulnerable

Para mediados del presente siglo, la población centroamericana no alcanzaba los 12 millones de habitantes; en contraste, para el año, 2000 se prevén poco más de 35 millones. Es claro que la presión sobre los recursos también creció.
Sólo entre 1990 y 1995, la región perdió arriba de dos millones de hectáreas de bosques debido al avance de la frontera agrícola y ganadera, la extracción de leña y la urbanización.
Estudios de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo destacan que sólo el dos por ciento del bosque tropical del Pacífico no ha sufrido daños, mientras que por los incendios forestales casi dos millones de hectáreas más fueron dañadas en 1997.
El Director de la Oficina Regional de la Unión Mundial para la Naturaleza en Mesoamérica (UICN), Enrique Lahmann, estima que los retrocesos ambientales de los últimos 25 años coinciden con las dificultades que la región ha tenido para consolidar sus procesos democráticos afectados por guerras, pobreza y falta de recursos.
Lahmann dice que Centro América entrará al siglo XXI con
 

una profunda crisis de agua para el consumo humano debido a la contaminación de ríos y a la deforestación de bosques y humedales, cuya destrucción también influye en la periodicidad de las sequías y en el impacto de las inundaciones. La Organización de Naciones Unidas, en una evaluación sobre los recursos de agua dulce realizada en 1997, advirtió que un tercio de la población mundial vivía en países que sufrían de estrés por falta de agua y que para el año 2025 la proporción habría aumentado en dos tercios. Con “Mitch”, el huracán más destructor de los últimos dos siglos, salió a la luz esa fragilidad ambiental: nueve mil personas perdieron la vida a causa de las inundaciones y se frenó el desarrollo, principalmente en Honduras, Nicaragua y El Salvador.

Uniendo esfuerzos

Con este espíritu nació la Alianza Centroamericana para el Desarrollo Sostenible (ALIDES), firmada por los gobiernos del área en 1994, que alienta a los gobiernos a ejecutar planes integrales de conservación que involucren más a las comunidades como protagonistas principales.


 

El experto chileno, doctor Jorge Luis Varela, quien durante 15 años ha trabajado asesorando programas sobre derecho ambiental bajo la tutela de organizaciones como la Organización de Estados Americanos, menciona como avances el surgimiento de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo, quer lucha por estandarizar políticas de protección y regulaciones ambientales.
El presente de Centro América no es nada halagador a nivel ambiental, por eso resurge la inquietud de una integración de esfuerzos que prometen abrir las puertas a la conservación y a la prevención para enfrentar los retos impuestos por la fragilidad regional frente al desarrollo sostenible. El representante de la UICN sostiene que ALIDES es uno de los logros más importantes, aun cuando a nivel de cumplimiento de acuerdos no se ve claridad absoluta, debido en parte a la falta de recursos, no obstante que la experiencia con “Mitch” enseñó a los gobernantes del área que tanto la respuesta a los desastres como la recuperación ambiental es una misión compartida que va más allá de los períodos electorales.



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