Edición especial
Hablemos del milenio

Artículos de este especial

El ocaso de un milenio
Ingeniería genética.
El desafío del nuevo siglo.
La epidemia mortal
El Salvador.
Segundo con más casos en C.A.
Ciudad del recuerdo
Centro histórico de San Salvador
Cien años de logros y retrasos
Medio ambiente vulnerable
Desertificación
Crisis con el agua
Valioso legado cultural
El despertar de las artes
El Salvador en lienzos
Edad de oro para la ciencia
Peligrosa energía atómica
Un mensajero llamado "Internet"
La última década.
Más desafíos que logros
Tratado universal.
Convención de los Derechos del Niño
Niñas del mundo.
Una dramática explotación sexual
Promesas que aún no se cumplen
Animales excepcionales
Hazañas y aventuras
Desgracias, infidelidades y mitos
Subidos de tono
Por el derecho al voto
La era de la reivindicación
   
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Muchas salvadoreñas protagonizaron desde un inicio la historia de este siglo. Conquistar libertades, como el sufragio para la mujer, fue el motivo de su lucha.


Las céntricas calles empedradas de San Salvador en los inicios del siglo vivieron los trajines de mujeres visionarias que marcaron el camino de su reivindicación en este siglo. Se lanzaron a las calles y los reclamos por el derecho al voto constituyeron uno de sus primeros y más fervientes anhelos.
Nombres como Prudencia Ayala, una santaneca nacida en 1901, comenzaron a sonar. Sin ninguna preparación académica pero consciente de sus derechos como mujer, retó al sistema social y político de su tiempo y fue respaldada por algunas otras mujeres.
Su oposición a la desigualdad entre hombres y mujeres le salía de adentro, tanto que a sus 16 años escribió: “No todos los hombres titulados llevan bastón. Yo lo llevaré como insignia de valor en el combate contra los ingratos que adversan mi amor, mi ideal, la vida que llevo”.
Se dice que Prudencia, quien vestía pantalones y usaba bastón, se convirtió además en la primera en lanzar su candidatura a la Presidencia de la República, hazaña que no logró, pero demostró que una mujer era capaz de aspirar y desempeñar cargos públicos.
Sus aspiraciones e ideas progresistas, revolucionaron la época, mismas que compartieron otras mujeres.
Según investigaciones de CEMUJER, una de las pioneras del movimiento sufragista y feminista en el país fue doña María Solano de Guillén, quien inspirada en los movimientos de mujeres en el mundo y asesorada por la Liga de Mujeres Neoyorquinas funda, el 19 de abril de 1922, la “Sociedad Confraternidad de Señoras de la República de El Salvador”.

 

Su primera moción fue marchar por primera vez por las principales calles capitalinas exigiendo el derecho femenino al sufragio, hasta ese momento un derecho exclusivo de los hombres. La respuesta del gobierno fue disparar contra ellas; murieron 22.
Los frutos de este movimiento llegan hasta 1932 cuando la Constitución establece el derecho a votar únicamente a las mujeres con un alto grado académico y que estuvieran casadas.
Aunque esto era un paso importante, la inconformidad persistía. La caída de Maximiliano Hernández Martínez abre espacios y estos son aprovechados.
La Liga Femenina Salvadoreña, surgida el 20 de mayo de 1950 y es presidida por María Solano de Guillén, organiza marchas para reclamar diferentes derechos. Su gran triunfo llega el 14 de septiembre de 1950 cuando la Constitución confiere el derecho al voto sin más condiciones.
Prudencia Ayala, la señora de Guillén, Rosa Amelia Guzmán, Ana Rosa Ochoa, Clara Luz Montalvo, Hilda Navas de Rodríguez, Graciela de Alfaro, Tránsito Huezo, Laura de Paz, Ana Gloria Parrales, Lucila de González y Luz Cañas , entre otras, destacan como principales gestoras del sufragio femenino y que abrieron el camino de la lucha por la igualdad de derechos que sigue vigente hasta hoy.

 





 

Lucha internacional

El 14 de junio de 1907, Noruega rechaza un proyecto de ley sobre el sufragio femenino universal; sin embargo, aprueba por amplia mayoría de diputados el derecho a votar a las mujeres noruegas, pero únicamente aquellas que hayan pagado regularmente sus impuestos.
En 1908, 250,000 personas convocadas por la Women´s Social and Political Union (fundada en 1903) se reúnen en el Hyde Park, en Londres, para reclamar el derecho de las mujeres al voto.
En Canadá, las mujeres obtienen el derecho al voto federal en 1918, aunque hasta hoy siguen luchando por su identidad y la participación y representación política.
El 23 de marzo de 1910, la agrupación femenina de las Islas Canarias presenta su candidatura para las elecciones legislativas, con lo que pretendían denunciar la marginación de las mujeres españolas en la vida política.
El 15 de febrero de 1914, unas sufragistas británicas abandonan su postura no violenta y rompen los cristales de las ventanas del Ministro del Interior y prenden fuego al pabellón de un exclusivo club para hombres, el “Lawn Tennis”. Su líder, Emmeline Pankhurst, es encarcelada y liberada tras haber emprendido una huelga de hambre y sed.
En Argentina fue aprobado el voto femenino el 10 de septiembre de 1947 durante el gobierno de Juan Domingo Perón.

 

 

 




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