Edición especial
Hablemos del milenio

Artículos de este especial

El ocaso de un milenio
Ingeniería genética.
El desafío del nuevo siglo.
La epidemia mortal
El Salvador.
Segundo con más casos en C.A.
Ciudad del recuerdo
Centro histórico de San Salvador
Cien años de logros y retrasos
Medio ambiente vulnerable
Desertificación
Crisis con el agua
Valioso legado cultural
El despertar de las artes
El Salvador en lienzos
Edad de oro para la ciencia
Peligrosa energía atómica
Un mensajero llamado "Internet"
La última década.
Más desafíos que logros
Tratado universal.
Convención de los Derechos del Niño
Niñas del mundo.
Una dramática explotación sexual
Promesas que aún no se cumplen
Animales excepcionales
Hazañas y aventuras
Desgracias, infidelidades y mitos
Subidos de tono
Por el derecho al voto
La era de la reivindicación
   
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El Salvador experimentó en este siglo un importante desarrollo en literatura, teatro, pintura, escultura y otras ramas artísticas.

Una de las ramas artísticas más prolíficas ha sido sin duda la literaria. Hablar de sus inicios es hablar de Francisco Gavidia, a quien se le atribuyen las primeras publicaciones a finales del siglo pasado y principios del presente; incluso se le menciona como el maestro de Rubén Darío al haberle introducido en el verso alejandrino.
Se le reconoce como precursor del modernismo y del indigenismo en la literatura centroamericana e impulsor del teatro nacional. La obra de Gavidia es versátil, ya que cultiva diferentes géneros (drama, poesía, narrativa).
Contemporáneo al gran escritor migueleño es Alberto Masferrer, autodidacto y humanista por excelencia, lo que queda plasmado en el “Minimum Vital”, publicado en 1929, el más famoso de sus ensayos, y fuertemente criticado por su propuesta de un nuevo orden social basado en el trabajo honesto.
También surge Arturo Ambrogi, autor de importantes obras como “El jetón y otros cuentos”, cuyo ambiente y lenguaje irrumpen en el cuento regional.
Luego vendría la figura de Salarrué, quien escribió, pintó y esculpió y lo hizo magistralmente. Es una de los literatos más admiradas del siglo por su versatilidad y naturaleza de sus escritos que reflejan el lenguaje popular. Tal es el caso de “Cuentos de cipotes” y “Cuentos de barro”.
Salarrué es el único escritor salvadoreño cuya obra ha sido escogida y difundida por la UNESCO en América Latina.
Respecto a Claudia Lars , la doctor a Matilde Elena López dice que “es la gran lírica del siglo”. Otros críticos le reconocen su gran calidad como sonetista y que nunca se estancara en su quehacer literario.
“Tierra de infancia” fue su único libro escrito en prosa y autobiográfico. El resto de su obra es básicamente poesía. Contemporáneo de Claudia es Hugo Lindo, escritor que destaca en poesía y cultiva el cuento, la novela y el ensayo.

Los comprometidos

Roque Dalton es sin duda la figura más representativa de la llamada “Generación comprometida” por sus ideas vanguardistas. “Roque Dalton es el innovador de la poesía salvadoreña, después de Francisco Gavidia y Vicente Acosta. Él es la ruptura”, comenta la doctora López. La obra fecunda y de denuncia social de Dalton, pero con un estilo muy genuino, lo consagra dentro de las letras nacionales. “La ventana en el rostro” y “Pobrecito poeta que era yo” son algunas de sus obras.
Alvaro Menen Desleal es otra gran figura de este tiempo. Su libro “Luz negra” lo ha consagrado más que otras de sus creaciones y ha sido la más representada internacionalmente dentro de las letras centroamericanas. “Luz Negra” y “Cuentos de barro” son las publicaciones nacionales más importantes y exitosas de nuestro siglo. Alberto Guerra Trigueros, Manlio Argueta, Claribel Alegría y Matilde Elena López, entre otros, complementan el espectro de figuras literarias consagradas, sin dejar de lado a jóvenes valores como Kijadurías, Otoniel Guevara, Silvia Regalado y Claudia Hernández, quien ganó por primera vez para El Salvador el prestigioso Premio Juan Rulfo en la rama de cuento este año.


Instituciones culturales

En 1908 se termina de construir el Teatro Nacional de San Salvador; en 1909, el Teatro Nacional de San Miguel y en 1910, el Teatro Nacional de Santa Ana.
En 1958 se funda la Escuela Nacional de Danza. Lleva desde un inicio el nombre de la bailarina Morena Celarié.
En 1924 surge la Orquesta Sinfónica de El Salvador. En 1950 el Coro Nacional de El Salvador y en 1996 la Orquesta Sinfónica Juvenil.
La Sala Nacional de Exposiciones surge en 1961 cuando Salarrué escoge el local, que antes era hospital para enfermos de tuberculosis, para exhibir sus pinturas.
El Museo Nacional de Antropología, que lleva el nombre de David J. Guzmán, destacado científico salvadoreño que impulsó su edificación. Por el momento está en reconstrucción que se espera finalice a mediados del 2000. El proyecto costaría 52 millones.



 

1900

Darío y Asturias

A Rubén Darío se le ha llamado el “príncipe de los poetas de la lengua castellana” y uno de los más grandes líricos de la literatura universal. Nacido en 1867 en Metapa, Nicaragua, Félix Rubén García Sarmiento (su verdadero nombre) fue uno de los grandes triunfadores de este siglo.
Se le considera el precursor de la literatura modernista. Su libro “Azul”, publicado en Chile en 1888, es considerado el punto de partida de una nueva corriente literaria, y sus libros “Los raros” y “Prosas profanas”, sus obras cumbres.
También viaja a Europa y otros países latinoamericanos, dejando una imborrable huella de su versatilidad como escritor. Su muerte en 1916, conmocionó al mundo. El gobierno nicaragüense decretó duelo nacional el dia de su entierro y le rindió honores propios de un ministro en la catedral de León.
Centroamérica también dio a luz en este siglo a Miguel Ángel Asturias, considerado el novelista centroamericano más destacado y ganador de un Premio Nobel de Literatura en 1967 satíricos algunos, como “El Señor Presidente”, publicada en 1946.


 

1900

Darío y Asturias

En los años setentas, el entonces Viceministerio de Cultura y Comunicaciones crea el Premio Nacional de Cultura con el que se pretende reconocer cada año a aquellos que han hecho mérito en cualquiera de las ramas artísticas que se cultivan en el país.
En 1976 se entrega por primera vez, y aunque no hay registros exactos de quien fue el primer homenajeado. Figuras como Toño Salazar, Pedro Geoffroy Rivas, José Mejía Vides, Jorge Lardé y Larín y Álvaro Menéndez Leal sobresalen entre los galardonados.
En 1983 se entrega el último de una primera etapa en la vida de este premio al músico German Cáceres, debido al desaparecimiento del Viceministerio de Cultura y los efectos de la guerra. Es hasta 1994 cuando el Ministerio de Educación, a través de CONCULTURA, lo resucita.
Desde ese año se ha reconocido a otra serie de destacados artistas como César Sermeno, Francisco Andrés Escobar, Camilo Minero, Alejandro Coto, Esteban Servellón y Dorita de Ayala. El premio consta de 40,000 colones, un pergamino y medalla de oro.

 



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