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Hola, Jorge, ¿qué tal?
-Bien, Eva, ¿y tú?

Un saludo, un abrazo y luego la nota imprevista. Eva María Dimas y Jorge Jiménez se divirtieron de lo lindo reporteándose entre si, tratando de entender el deporte del otro y, sobre todo, riendo en todo momento.

Roberto Aguila
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Eva Maria Dimas y Jorge Jiménez, deportistas destacados previo a su participación en los XIX juegos El Salvador 2002.
Fot digital Osmín Herrera.

¿Se imagina usted a Jorge Jiménez, el moderno Guillermo Tell, con su cuerpo de casado feliz, intentando levantar una pesa de competencia olímpica?

¿O a Eva María Dimas, la estupenda pesista, tratando de descifrar el embrollo de un arco compuesto?


Claro que es difícil imaginarlo, porque sería como transgredir el contenido filosófico del viejo refrán que dice: “Zapatero a tus zapatos”. Pero ocurre que Eva y Jorge se prestaron para hacerlo, cuando acudieron ambos a nuestro llamado para hablar de sus expectativas frente a los próximos Juegos El Salvador 2002, y de todo lo que rodeará sus actuaciones. Y fue divertido, por todas las situaciones que se dieron en torno a un ensayo inusual y muy alejado de la rutina que los dos enfrentan en su diario quehacer deportivo.

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Eva, sosteniendo el enorme arco compuesto que Jorge acababa de extraer de un estuche parecido al de un violoncelo, se moría de la risa cuando no conseguía mantenerlo fijo y en posición de disparo, y sobre todo cuando no podía tensar la cuerda en la medida justa y Jorge le exigía estirarla más.“Es que tengo miedo romperla y echarte a perder este chunche”, respondía en un mar de carcajadas. “Yo te lo dije que no es tan fácil como parece”, le decía él.

Jorge, el pesista

Luego de varios intentos fallidos por dominar el arco, Eva María pasó al campo de la halterofilia -el terreno que domina a la perfección- y retó a Jorge Jiménez a levantar los 90 kilos con que ella se entrena. La respuesta del arquero fue chistosa: “¿Y si me lesiono? Mi entrenador me ha dicho que no haga esfuerzos que puedan dañarme”, dijo,con toda la humildad del mundo. Naturalmente, volvieron a aparecer las carcajadas porque Jorge daba la impresión de no atreverse a levantar nada.

.Y no paramos de reir mientras Eva María le indicaba cómo tenía que colocar las piernas para soportar mejor el peso, y le agarraba el zapato y se lo halaba para que pusiera el pie en el lugar correcto, y él se despatarraba todo. Enseguida, con Jorge haciendo pruebas con la barra sola, sin discos en los extremos, Eva siguió como profesora exigente, recalcándole la posición de los brazos, golpeándole los codos para que los pusiera estirados, como debe de ser. Y Jorge obedeciendo con la paciencia infinita de Job. “¡Te digo que debes tener los brazos estirados, porque si no la pesa se te puede ir hacia un lado!”, le recomendaba.

Lo más gracioso fue cuando ella le pidió a él que metiera la barriga y retirara el mentón para no golpearse con la barra al levantar la pesa. El esfuerzo que hizo Jorge para obedecer al pie de la letra fue algo parecido a nacer de nuevo. Lo bueno de todo esto es que ambos terminaron sentados en el piso muertos de la risa, y convencidos de que cada quien está en el deporte que más se adapta a sus características físicas. Ella, una mujer con el cuerpo impactante y parecido al de Xena, la heroina de la televisión; y él, con la mirada que no se altera, el pulso sereno y la destreza innata que forjó la historia de Robin Hood.

Eva y Jorge, los reporteros

Como corolario de la nota les pedimos tomar la grabadora, el lapicero y la libreta de apuntes, y que se metieran en el terreno azaroso de los periodistas deportivos reporteándose mutuamente. Tras nuestro ruego aparecieron las excusas. “Yo nunca he hecho ésto, y no sé qué preguntarle”, dijo Eva. Para Jorge la excusa fue más simple: “No me dijeron que tenía que hacer ésto, y no vengo preparado”, dijo.

Sin embargo, terminaron haciéndolo de buena gana. Sólo que tuvieron que reprimir la risa, y pasarse la mano por la cara para conseguir una expresión lo más parecida a la seriedad. Rompió el hielo Eva María con una entrevista para la historia.

Eva: ¿Cómo se llaman tus hijos?

Jorge: Jorge Alberto y Javier Alberto.

E. ¿Cómo toman ellos tus triunfos?


J. Yo diría que con felicidad. Además, mis triunfos sirven para acrecentar el respaldo de mi familia.

E. ¿Qué significa para ti que tu esposa practique tu deporte y esté contigo en la selección?

J. Es mi anhelo cumplido. Ahora comparto con ella mi deporte favorito y, naturalmente, ésto nos une más y somos más felices.

E. ¿Qué son para ti estos Juegos El Salvador 2002?

J. El evento soñado, la oportunidad que todo deportista espera para poner por su país todo lo que lleva dentro, la vitrina que nos va a mostrar en todo el mundo.

E. ¿Qué le pedirías al público que te vaya a ver?


J. Que nos apoye en todo momento, que no nos insulte si hacemos algo mal, y menos a los deportistas extranjeros. Porque si el público se porta mal con los visitantes estaríamos exportando una mala imagen al exterior, y eso sería frustrante.

El turno de Jorge

Jorge Jiménez, a la hora de ponerse de periodista y entrevistar a Eva María Dimas, fue totalmente escueto en su tarea pues solamente hizo dos preguntas. Las razones que dio es que Eva María se extendió tanto en sus respuestas que ya no hubo espacio para más. El resultado fue éste:

Jorge:¿Por qué del atletismo te pasaste a las pesas?


Eva: En primer lugar creo que se debió a la influencia que tenía la halterofilia en la casa a través de la afición de mi tío Valerio por ese deporte. Y en segundo lugar, porque los entrenamientos que hacía en el atletismo eran exasperantes. Sufría luxaciones, me dolía la espalda y terminaba con ganas de morirme.

De manera que una vez que acompañé a mi tío a un entreno de pesas, me dio por hacer el intento y me fue gustando hasta que me quedé. Sin embargo, hasta los VI Juegos Deportivos Centroamericanos realizados en San Pedro Sula, alterné el atletismo con la halterofilia. Si me preguntas dónde me sentía más cómoda, te diría que con las pesas.

Jorge: ¿Cuáles son los resultados que piensas conseguir en los Juegos El Salvador 2002?

Eva: Uno siempre quiere conseguirlo todo. Pero muchas veces, a la hora que sales a la tarima a competir, las rivales te dan sorpresas. Te puedo decir que la preparación que he tenido es con la idea de conseguir una medalla al menos.

Esa es mi intención, pero la verdad aparecerá al conocerse las respuestas que traen las competidoras rivales, que, te digo, son muy buenas, sobre todo en lo que respecta a las colombianas. Para suerte mía, la mexicana Soraya Jiménez, medallista olímpica en Sydney 2000, compite en los 58 kilos y yo en 75. O sea, que no va a ser mi rival. Y, como te digo, las esperanzas nuestras están de pie.

 
 

 
     


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